Un tema que debe ser abordado en relación al medio ambiente es nuestra necesidad básica de alimentarnos y cómo ésta nos vincula íntimamente con nuestro entorno.
Desde mediados del siglo XX el impacto ambiental de nuestros hábitos alimenticios se ha agravado debido al aumento acelerado en el consumo de carne en el mundo. Este aumento se calcula en 1.5 kilos por persona al año.
En la década de los 80 surge la preocupación dentro de los círculos científicos y agrónomos de Europa por el peligro que enfrentaba la humanidad si no se detiene la “carrera de la carne”, como llamaron a la tendencia de basar la ingesta de proteína principalmente en la carne animal.
Es urgente reducir el consumo de carne por el bien del planeta, es urgente un cambio de actitud con lo que comemos, la manera en que lo preparamos y el impacto que nuestra manera de comer tiene en todo el universo

Comer, junto con los dos aspectos que invariablemente lo acompañan: obtener el alimento y prepararlo, es una actividad que nos iguala a todos los seres vivientes y cuya necesidad y frecuencia sólo puede ser precedida por la de respirar, por lo tanto el impacto de esta vital y cotidiana actividad tanto en el que come, como en todo universo es incalculable.
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